Balance Desbalanceado

|| Una forma más humana de equilibrio


No hay tiempo para el deporte cuando nacen los hijos, por lo menos no hasta que crecen un poco. Este argumento lo he escuchado tantísimas veces. El deporte queda relegado para tiempos venideros, si no enterrado. ¿Cuán lejos está eso de instalar el sedentarismo por tener mucho trabajo? Pregunta al aire que me surge, atisbo de mi convicción que no acepta el descuido del cuerpo. Y sin embargo… Solté mi deporte, temporalmente.

En esta carta no vine a exponer estrategias para lograr balance y sacar tiempo para todo, no. Tampoco quiero poner sobre la mesa un tema tan personal como lo son las prioridades, cada quién vino a vivir su propósito. Quiero contarles de mi experiencia reciente, me he observado, ha sido valioso. Me nace compartirlo, puede ayudar.

Estas últimas semanas han sido intensas. Mi hijo nació hace apenas un mes, mi hija mayor estuvo con amigdalitis, el viaje a recogerlas se alargó, mi madre me tiene un tanto en vilo con temas de salud, sostener mi trabajo desde casa ha sido un desafío. Puntualmente recuerdo estar grabando una visualización ya entrada la noche, cabeceando, para al día siguiente salir por 8h de autopista de vuelta a casa. Vida real, sin más. Esa sensación de mil frentes abiertos que seguro todos conocemos. Mateo, como buen bebé, por supuesto altera el ritmo entero del hogar. El cansancio hace que el cuerpo empiece a operar a retazos, la mente también.

De cierta manera, a un nivel “ni siquiera tan inconsciente”, quería probarme que a pesar de todo podía sostener mi deporte. Una voz que me decía “eres coach, promueves deporte” - me susurraba. Tengo además una motivación muy intrínseca y es que siendo mi energía tan intensa, pero sensible, el deporte viene a ser mi principal regulador. Lo cierto es que el agotamiento pudo conmigo. Abracé un concepto que había escuchado recientemente en una mentoría, título de esta carta: balance desbalanceado. La rigidez de una estructura es su principal amenaza, nada tiene que ver con dureza o firmeza. Lo que no vibra se rompe o está muerto. Pero la vibración se define en amplitud y frecuencia.

En medio de todo eso, mi energía para ajustar, correr tiempos y reacomodar espacios para hacer siquiera un poco de deporte, se esfumó. A mis clientes les propongo estrategias de rescate para salvar los hábitos vitales (como el deporte), por ejemplo una versión ridículamente fácil y corta de un entrenamiento. Esta vez, en franqueza total conmigo mismo, agotado, angustiado y agobiado, tenía que cuidarme de otra manera. Es allí donde para mí entra el nivel macro del balance. En el nivel micro estamos cada día o semana buscando optimizar, compensar, equilibrar, buscando la pequeña ventana de tiempo. Pero hay una capa protectora del sistema, tal vez la última capa, que demanda la capacidad de soltar el control, y sobre todo: permanecer tranquilo con eso.

No importa tanto lo que haces o dejas de hacer, importa desde dónde lo haces. Importa con qué energía y emoción decides. Yo decidí soltar el deporte, que me buscara él a mí sí era el caso. Allí tenía mis zapatos y ropa conmigo, siempre viajo con lo mínimo. Solté con conciencia, con tranquilidad, con mi contexto muy claro, agotado y requerido por mis personitas importantes, conmigo entre mis propios brazos, con compasión y reconocimiento por quien soy. Pero lo tal vez más importante: solté temporalmente, con una fecha en el horizonte. Me dije: suelto por completo hasta el 16 de marzo, ese lunes vuelvo a mi compromiso conmigo, a mi autocuidado. Mientras tanto, nada… no ejerzo control o presión. A veces se planifica y se procura no alejarse mucho del plan, a veces se pasa para ganar. Lo importante es desde dónde decidimos, y el marco de tiempo definido.

Me encantan las analogías, aquí va una con anécdota. Hace unos años, amenazado por la corriente de un río, luchaba por de alguna forma salirme de él. Me volvió el alma al cuerpo cuando vi que más abajo una curva provocaba una playita. Solté todo esfuerzo, me preparé para salir del río en esa curva. Tuve que pensar en esa vivencia aquí mientras escribo.

Una cosa es aflojar para proteger el hábito, y otra es abandonarlo. Eso también es balance, protección de última instancia. No el balance de quien logra responderle bien a todas las variables, sino el más humano que acepta soltar en determinados momentos para su conservación. La vida en estas semanas me dijo algo así: no intentes imponerle tu forma a este pasaje. Déjate desordenar. Ya vendrá la curva. Ya aparecerá la orilla. Ya habrá espacio para retomar y recargar. El balance a veces requiere de una oscilación amplia que evita la ruptura.

Otro aprendizaje que esta etapa me regaló: al soltar el deporte por unos días, pude ver con más claridad cuán bien me hace. Administrar mi energía, mi estado mental y emocional, nunca ha sido automático, ha sido un trabajo. Dejar de apoyarme temporalmente en una de mis herramientas más importantes de regulación me permitió una vez más observar mis sensibilidades. Me gradué de ingeniero parametrizando y creando un algoritmo para estimar las sensibilidades estructurales de un avión a cambios en su aerodinámica. E insisto, las sensibilidades humanas son mucho más complejas, un mundo para descubrir una y otra vez, crecimiento garantizado. Sentí como se cocina la impaciencia con nuevos ingredientes, cómo ciertos gestos internos se amplifican cuando no tengo ese espacio de movimiento que me ordena por dentro. Pude registrar actitudes que todavía quisiera pulir… formas de actuar que añaden tensión innecesariamente. Así que una etapa desbalanceada también enseña, revela mucho. No entrenar por unos días no te aleja del deporte, puede incluso devolverte a él con más conciencia, más gratitud, menos automatismo.

Hay momentos en los que seguir optimizando deja de ser sabio y empieza a ser un desgaste. Y en esos momentos, soltar conscientemente puede ser la estrategia para conservar la energía y volver más enteros cuando la marea baje. Eso, para mí, hace parte del balance desbalanceado. Un balance que acepta la realidad sin dejar de honrar el rumbo y los valores personales. A veces el mayor acto de equilibrio no consiste en sostener todas las piezas, sino en aceptar que por un tiempo no podrán estar en su lugar. Por un tiempo, ahí está la clave. Fueron para mí unos 10 días. Bien que me cayeron.

Si esta reflexión resonó, déjamelo saber. ¿Alguna vez te ha tocado soltar el deporte? ¿Lo hiciste tranquilamente? ¿Volviste?

Un abrazo y gracias por tu atención,
Coach Tony

Siguiente
Siguiente

Sobre volver a ser padre y la contemplación