¿Entrenas para vivir o para no morir?
||Sobre moverse, el sentido, y una pregunta que la industria del bienestar evita.
Escucha mi audio leyendo la carta aquí.
Esta mañana tomaba mi café en el balcón, mi ritual tempranero. El Lago Maggiore quieto como pocas veces, la luz apenas insinuándose, las golondrinas cantando la primavera. La luna todavía visible — lo cual me detuvo en asombro, porque en pocas horas los cuatro astronautas del Artemis 2 estarán orbitándola. Cuatro humanos que llevan años entrenando el cuerpo y la mente para desplazarse más lejos de lo que nadie ha llegado nunca. Pensé en eso. En esa pulsión tan antigua, tan nuestra — la necesidad de movernos, de atravesar, de ir más allá de donde estamos.
Como si la magia del momento lo hubiera convocado, apareció un corredor abajo en el malecón. Lo vi avanzando junto al lago, en la penumbra de la mañana. Solo. A su ritmo. Y sentí algo que por supuesto reconozco — paz, plenitud, conexión. Ese hacer parte de. Ese sentirse vivo en movimiento, atravesando la naturaleza como parte de ella.
Decidí escribir sobre esto. Sobre el deporte — en especial sobre estos deportes que nos desplazan, que nos llevan por caminos y rutas y distancias, corriendo, pedaleando, nadando, remando. Los deportes de resistencia, de resiliencia, de travesía. Los que últimamente son blanco de la tendencia y los algoritmos, que los reducen a actividades oxidativas, desgastantes, excesivas. Como si no pudieran practicarse de la manera correcta, con el balance adecuado. Y como si los momentos de felicidad, dicha y plenitud no valieran la pena. Y también — sí, también — como si no trajeran consigo múltiples beneficios.
Quiero defenderlos. Pero no desde las estadísticas de longevidad, no desde el argumento de cuántos años más podrías vivir si haces tal o cual protocolo. Eso también importa, y llegaremos ahí. Pero primero quiero hablar de algo más sentido y más urgente.
El afán por tener la razón a un lado, por favor.
Primero vivir, antes de pensar en retrasar la muerte.
Hay una conversación que se ha distorsionado. El deporte — la salud en general — se ha ido convirtiendo en una negociación con el tiempo. Un cálculo, ecuaciones de longevidad. Una estrategia de optimización. Y en ese proceso hemos perdido lo esencial: la pregunta no es solo cuántos años vas a vivir, sino cómo los vas a vivir. Nuestro cuerpo es un templo, sí, y tiene todo el sentido cuidarlo. Pero también es verdad que no somos dueños del destino. Que la enfermedad a veces hace de maestra — hay almas que vienen a la vida a aprender de esa manera. Que los accidentes ocurren, por mucho que optimicemos. Una tontería puede tumbar el juego de cartas de quien aspira a la vida eterna.
Honestamente, mi sentir es este: al carajo con el atrevimiento de desafiar la vida y sus ciclos. Considero — más allá de ser un experimento interesante que arroja información valiosa — un afán muy vacío el de Bryan Johnson al perseguir la inmortalidad. No seremos esa generación que nunca morirá, como insinúa en sus redes.
Y lo digo también como quien ha metido los pies en ese pantano. Me he volcado de más a los protocolos, a optimizar cada variable. Tuve que reencuadrarlos — no porque no funcionaran, sino porque buenas estadísticas no son lo mismo que sentirse vivo.
¿Qué tal si vivimos más antes de extender el tiempo vivos?
Se nos olvida que no somos dueños de la vida, ni de la muerte.
Y entonces, ¿qué? ¿Renunciamos a cuidarnos? No. Pero sí propongo cambiar el punto de partida. Antes del BDNF, antes de los estudios sobre longevidad, antes de los protocolos y los wearables y las zonas de frecuencia cardíaca — antes de todo eso — está ese corredor al borde del lago. Está el amanecer. Está el cuerpo moviéndose en la naturaleza y sintiéndose, por un momento, exactamente donde debe estar.
Ese es mi argumento. El primero y el más sentido.
En las próximas cartas voy a contarte lo que el deporte le hace al cerebro, a las emociones, a la productividad y a la creatividad. Voy a hablarte de ciencia que probablemente cambia la manera de entender por qué moverse importa. Voy a hablarte de lo que ocurre dentro de una persona cuando durante meses prepara su cuerpo para cruzar una meta que alguna vez pareció imposible — y la cruza.
Pero quería empezar aquí. Con el café, el lago, la luna, y ese corredor anónimo que esta mañana me recordó por qué escribo sobre esto.
Tú que lees esto — ¿estás entrenando para vivir, o para no morir?
Gracias por tu tiempo y atención. Hasta la próxima.
Coach Tony
Exponential Health Coach (IQUIM) | Endurance Coach | Life Coach

