Sobre volver a ser padre y la contemplación

|| Y sobre qué pitos toca el VO2max en todo esto


El pasado 15 de febrero nació mi hijo Mateo, quiero empezar por allí. Mi dicha y felicidad están fuera del rango de las palabras, la expresión conoce sus límites cuando busca describir lo más esencial. Es simplemente esa sensación aguda y sobrecogedora de amor que se siente en cada hueso, en cada átomo, en todo lo que soy… A lo mejor la palabra plenitud es una buena aproximación. Gratitud por el milagro de la vida, por el privilegio de ser padre nuevamente, por tercera vez, 10 años después.

Respecto a mi última carta hace 2 semanas… ¿Vaya cambio de tema, no? Paso de escribir sobre VO2max a reflexionar sobre ser padre nuevamente. La semana pasada, por cierto, no escribí. Mi energía estaba puesta en recibir a mi hijo, en apoyar a mi esposa. Era momento de vivir aquello que por allá en septiembre compartía como reflexión en una carta: “Lo importante en la vida es…”. Pero no quiero dejar de trazar un puente entre temas aparentemente apartados.

Es razonable y tiene respaldo científico decir que una mejor condición cardiorrespiratoria (y, por extensión, un VO2max más alto) se asocia con mayor resiliencia fisiológica ante perturbaciones. Esto en el sentido de tener más reserva (o margen de acción) y mejor capacidad de recuperación ante el estrés agudo. El entrenamiento físico además mejora marcadores de la regulación autonómica (como la variabilidad de la frecuencia cardíaca HRV), eso también aporta a tolerar mejor las disrupciones.

Volver a ser padre ha significado también volver a las noches rebeldes, sin o con muy poco sueño. Es casi seguro el segundo comentario que recibes cuando nace tu bebé: “¿Y cómo van esas noches?”. Las primeras tres noches de Mateo nos fuimos en blanco, literalmente en blanco. Anoche ya tuvimos dos bloquecitos de 3 horas seguidas, seguiremos encontrando nuevos ritmos con él. El punto es que a esas disrupciones me refiero y sí… eres más capaz de sobrellevar mejor todo cuando tienes buena condición física, cuando tienes un buen VO2max. Hecho el puente.

Dicho eso, con sueño fragmentado y en déficit, la carga total (mental + física) sube, tus percepciones se alteran. Más capacidad cardiorespiratoria da más reserva fisiológica, pero el entrenamiento cuando vuelves a ser padre debe ser más inteligente. El fitness te da margen, pero el margen hay que administrarlo.

Si quieres un cuerpo que te apoye en ser el mejor papá que puedes ser, llega a la semana 36/40 con buena condición física. Quieres ser más ágil y poder recuperarte mejor de todo para dar lo mejor de ti. Y una vez llegue tu bebé, ajusta. No dejes de moverte, no dejes de entrenar, solo ajusta. Entrenar un poco te recarga.

Ayer por ejemplo aproveché una ventanita de tiempo y calma para salir a dar una vuelta en bici de montaña. Subí a una colina cercana que brinda una bonita vista del lago y de los Alpes, dejé mi bici allí para correr un rato por el bosque y al final volver a casa pedaleando. Sentí que esa actividad (para mí ligera) allá afuera en la naturaleza, me recargó inmensamente. Le dije a Mateo, como le decía a mis hijas también: “salgo a entrenar un ratito para volver más amoroso”. Y así fue. Que no se nos olvide, a pesar del cansancio y la alteración de nuestras agendas cuando nacen nuestros hijos, que nuestros cuerpos están hechos para moverse y que hacerlo, nos regula. Papá y mamá, ambos necesitamos recargar y hacerlo moviendo nuestros cuerpos en la naturaleza es una excelente opción. Es cuestión de encontrar la justa medida, un mínimo de rutina de movimiento que sea sostenible. Es posible.

Por estos días he meditado muchísimo más de lo que suelo hacerlo. Y es que contemplar a mi hijo es tan atrapante, tanta belleza en el increíble despliegue de la vida me dejan simplemente rendido, no puedo sino estar allí… observando. La contemplación de un bebé que duerme en tu regazo, o que te mira y bosteza, es tan hermosa… es una forma de atención plena poderosísima. Sin entrar a detallar, cuando logras estar absolutamente presente y además evocas un sentimiento de amor tan nítido, la coherencia cerebro-cardíaca es tremenda. Y eso genera mucho bienestar, mucha dicha, mucho gozo. Se mezcla con gratitud y hacen un cóctel exquisito de vida. Quiero compartirles que la sensación de ser padre nuevamente rompe cualquier descripción de felicidad, es una sensación profunda de sentido por la vida.

Vuelvo a ser padre a mis 43, 10 años después de que naciera mi segunda hija Samay, 12 después de conocer el amor infinito con mi hija Simone. Soy otra persona hoy… ¿cómo no serlo? Si algo agradezco esta vez es que tengo mi vida organizada de otra manera y puedo estar mucho más allí, la riqueza de poder administrar mi tiempo y trabajar desde casa es invaluable. Aún recuerdo que recién nacida mi hija Simone debí ausentarme por una expedición de 3 semanas y cuando volví lloré de ver lo que había crecido, lo que me había perdido. Hoy estoy aquí para ver cómo con cada milímetro Mateo va ganando cachetes 🙂.


Gracias de corazón por leerme. Compartir estas reflexiones contigo es para mí fluir con lo que la vida me viene regalando y enseñando. A la gratitud con la vida le sigue el compartir, al final nos quedamos con nada.

Estaré seguramente reportando sobre cómo es esto de llevar el deporte en mi nuevo contexto. Si te surgen preguntas o ideas para abordar y reflexionar juntos, házmelas llegar.

Con cariño,
Coach Tony

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