2026 - El Fin del Afán

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|| Desentrenar la prisa y recuperar el sentido

Hoy 2 de enero me siento a escribir la primera carta del 2026. Es la semana número 1 de este año que apenas empieza, hago paréntesis para el pensamiento hablado: mi mente acaba de hacer el salto a la semana 52. Mi pensamiento despegó a mil por segundo y ya estaba cuestionando si lograré escribir las 52 cartas que deberían ser al final del año - vaya amenaza, y eso que yo mismo elegí el título del blog “cartas semanales”. Pero justamente, a eso apunta mi primer título del año: “2026 - El Fin del Afán”. Más allá del espejismo de la perfección, se ejecuta y vive mejor sin afán.

Antes de aventarme a los abismos de la reflexión, me detengo para desearte un feliz y próspero año 2026. Que la salud y el amor compartido abunden en tu vida, que permanezcas en los algodones de la protección divina, que tu misión de fondo - esa que te trajo al cuerpo que vistes, se despliegue y puedas vivirla en paz y calma, y que esto se extienda a toda tu familia, a tus amigos y seres amados

Cerré el 2025 con un ritual muy bonito y en un mensaje a cada uno de mis clientes compartí las 3 columnas que instalé para mi 2026, quiero compartirlas también aquí: Movimiento - Equilibrio - Sentido. Sostienen todo lo que hago, serán el criterio para planificar y vivir cada una de tantas semanas. En el acto de escribirte estas líneas por ejemplo, encuentro el sentido de mi mañana.


Te decía que mi mente guarda complejo de cohete - siempre queriendo despegar del momento presente. De cariño la llamo Apollo - en alusión al programa espacial de la NASA que pisó la luna, aunque hoy me conecto más con la fallida misión número 13. Habré visto la película con Tom Hanks unas 20 veces. De niño (tendría unos 8-9 años) hasta pasé por “clases de concentración” (vaya nombre). Recuerdo estar sentado literalmente dentro de una caja, el escritorio estaba encerrado por tablas a los lados y enfrente, tenía además un boquete para que entrara mi cuerpo sentado. La idea era leer y hacer tareas sin distracción alguna, como si la mente pudiera ser encerrada. Sin comentarios. En fin, mi cuerpo en clases de guitarra, mi mente ya en la tarima cantándole a mil personas. Mi cuerpo entrenando, mi mente ya ganando la carrera. Ese era yo, y esa tendencia me acompaña siempre. No seré el único, estoy seguro. 

Con el tiempo descubrí que moverme por la naturaleza era mi neutro. Recuerdo vivamente una caminata de 7 días, con 7 años a La Ciudad Perdida en la Sierra Nevada de Santa Marta, la ruta por entonces era otra, más larga. No pensé en otra cosa, estaba allí en cada paso. Algo tienen los árboles, ríos y valles, el sonido de la naturaleza y las montañas, que calman mi mente, hablan directamente al alma. Ayer, hoy y siempre, por eso, movimiento es mi primera palabra. Trato de parecerme mucho a aquel caminante de 7 años, cada día. 


Para mí, ir de afán, es de simple definición. Es dar un paso con la mente en otro. No siempre tiene sentido. Entrenamos pensando en lo que traerá el día, nos duchamos pensando en que vamos a desayunar, desayunamos pensando en la reunión de las 9, en la reunión se nos ocurre algo más. Lo cierto es que estamos diseñados para anticipar. Nuestra ventaja evolutiva y tendencia natural es esa. Y sin embargo… del afán poco queda, ya lo decían las abuelas. Corrimos sin sentirnos vivos, nos duchamos sin sentir el agua, desayunamos sin saborearlo realmente.

Al ritmo del afán el cerebro danza a un ritmo imposible para el corazón. Y la ciencia moderna hoy con data muy sólida nos enseña que sentirse bien mucho tiene que ver con la coherencia cerebro-cardíaca, es cuestión de ritmos. E insisto, el ritmo se entrena. Igual que aprender a bailar un merengue o un vals, es cuestión de intención y acción.

¿Qué si vale la pena? Bueno, en mi experiencia el afán termina aturdiendo tarde que temprano. Lo más sensible es que mientras tanto, estrecha la ventana del gozo. Somos poco propensos a disfrutar la vida estando de afán, que forma tan cuidadosa de decirlo. Puede ser bastante miserable vivir de afán todo el tiempo, es tal vez una más confrontativa. Lo cierto es que el tiempo es neutro y como bien propuso un amigo en la canción que escribió a su hija, también perecedero. El momento pasado nunca vuelve.

También en mi experiencia, la vida de afán en algún momento pasa de ser el espejismo de “yo vivo mi vida al máximo” a ser la angustia del “poco tiempo que queda” y/o  “todo lo que me he perdido.” Es allí donde hago el puente también hacia la palabra sentido, en mis tres pilares del año. Qué sentido tuvo el momento vivido de afán, a veces no queda ni el recuerdo. Si acaso la foto. Un calendario todo chuleado tal vez, pero ¿a qué sentido?

Presencia es una aspiración de moda. Hacer las cosas con presencia está en los titulares incluso de los dispositivos que nos distraen. Siento que hablamos de habitar el momento presente, de estar en cuerpo y mente, como si la mente cupiera en cajas de concentración o el cuerpo per se actuara de caja. Muchos conocen el poder del ahora (en libro y experiencia), pero muchos también caen desmoralizados ante la hazaña que implica permanecer de verdad, yo también cada tanto. Empecemos por alejarnos de la imagen del monje tibetano que levita en el presente, puede ser paralizante o incluso amenazante aspirar de entrada a tal dominio de la mente, tan lejano de nuestra cotidianidad.

Mi propuesta es anclar la mente a los tiempos del cuerpo, es usar los espacios en los que te entrenas para entrenarla, usar el movimiento como meditación. Cada vez que logras mantener tu mente en las sensaciones del cuerpo estás desentrenando el afán, evitando que despegue a la luna o trayéndola de vuelta. Piensa en desentrenar el afán como un camino hacia una vida más llena. Ni más lenta ni más tranquila, más llena. Para eso también sirve el deporte. Como con todo, hay que ser progresivos, no aspires a correr una hora con la mente anclada la primera vez.


Si como yo tienes una mente que suele ir a millón por hora, un cohete Apollo, sabrás lo difícil que puede ser permanecer en el presente. Se siente muy lento, desespera. Yo era de los que prefería intervalos o música por el solo hecho de no lidiar con el silencio de la monotonía por una hora. Fue cuestión de entrenamiento. Encontré mi método, lo bauticé “Houston” - en alusión al centro de control de la NASA. Tal vez recuerdes la famosa frase de Tom Hanks en Apollo 13 - “Houston, we have a problem”. ¿Recuerdas que desde el centro de control de Houston se daban las instrucciones sobre qué hacer allá arriba en el espacio? Pues bien, nuestra mente no deja de pensar por más que se lo pidamos, debemos asignarle tareas. Y de eso se trata el método Houston, de asignarle tareas a la mente, en movimiento, mientras entrenas.

En mi próxima carta te describiré el método en detalle. Permanece atento. Mientras tanto cuéntame cómo te va a ti con esto del afán. ¿Es tu modo automático? ¿Lo gestionas? ¿Cómo? Me serviría mucho leerte.

Gracias por tu tiempo y hasta la próxima,
Coach Tony

Exponential Health Coach (IQUIM) | Endurance Coach | Life Coach

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