Pagas por concentrarte mejor. Y sigues sentado.

|| El nootrópico más poderoso no tiene marca, ni precio, ni cápsula.

Escucha mi audio leyendo la carta aquí.


Mi hijo Mateo apenas cumple dos meses. Ha sido un tiempo de ritmos nuevos, de una vida que reorganiza todo a su alrededor con una autoridad que solo tienen los recién llegados. Y aun así — quizás precisamente por eso — cuido con especial celo la arquitectura de mis semanas para que el entrenamiento tenga su lugar. No como un lujo. Como una necesidad.

Mi cuerpo y mis pensamientos resienten varios días sin movimiento. Es algo muy físico y claro, como cuando llevas demasiado tiempo sin agua y el cuerpo simplemente te lo dice. Mi sistema nervioso necesita regularse con movimiento.

Escribo sobre esto porque en la carta anterior hablé de defender estos deportes que nos desplazan — correr, pedalear, nadar, remar. Los de resistencia, los de travesía. Y quiero defenderlos también desde lo que le ocurre a la mente con ellos. Porque hay un argumento que pocas veces se nombra, y es de los más poderosos.

Cuando salgo a correr o a pedalear, sobre todo en la naturaleza o a algún lugar tranquilo, todo cambia. Salgo en silencio para que mis pensamientos deriven, deambulen conmigo. Se sueltan. Se reorganizan solos. Lo que llevaba horas dando vueltas sin resolverse aparece de otra manera — o simplemente se disuelve, y en ese espacio que deja surge algo nuevo. Cuando inicio el día de esta manera o hago una pausa para salir, fluyo mejor. En el trabajo, en la escritura, en las conversaciones importantes. Seguro que si practicas estos deportes lo has sentido. Conversaba el otro día con un cliente que me decía: I literally run into my best ideas (literalmente corro hacia mis mejores ideas). Corremos. Y las ideas que no llegaban sentados, aparecen. Y esto tiene explicación, es algo que estos deportes regalan.

Spoiler #1: Hay días que salgo escuchando un podcast — y tiene todo el sentido aprovechar el tiempo y matar dos pájaros de un tiro cuando la agenda aprieta. También hay que mantenerse aprendiendo. Hay días en que salgo con música, especialmente en sesiones exigentes que me piden algo de adrenalina, o si quiero condimentar de alegría cualquier momento. Pero la ventaja que describo a continuación pierde fuerza.


Correr y pedalear son movimientos automatizados. Cíclicos, repetitivos — una vez que los aprendes, los ejecuta el sistema nervioso casi en piloto automático. No hay que pensar la zancada, no hay que coordinar conscientemente cada paso. Eso libera la corteza prefrontal — la zona que piensa, planifica y decide — queda en gran medida desocupada.

Distinto ocurre en una sesión de fuerza, de calistenia, de yoga o de cualquier disciplina que requiera coordinación y atención técnica. En esos contextos — que tienen sus propios y enormes beneficios — la mente está dirigida hacia la ejecución. No hay espacio para que derive. Cuando corres o pedaleas en silencio con el cuerpo en piloto automático, el cerebro activa la red neuronal por defecto — la red que opera precisamente cuando no estamos enfocados en una tarea concreta. Durante años se pensó que era una red ociosa, pero hoy sabemos que es la red del pensamiento creativo, de la conexión inesperada entre ideas, del insight que no se puede forzar pero sí invitar.

Salir a correr libremente y en silencio es, en el fondo, una forma de meditación en movimiento. Tal vez la más antigua, la que no necesita instrucciones. El cuerpo avanza solo, los pensamientos pasan, las emociones parecen diluirse. Lo mismo ocurre pedaleando — con el añadido mágico de que en la bici debes moverte para mantener el equilibrio. Si algo me enamora del ciclismo es eso: la danza con el equilibrio que sostiene todo proceso.

Hoy que vivimos sobreinformados y sometidos a tecnologías diseñadas deliberadamente para secuestrar nuestra atención — la notificación, el scroll infinito, la dopamina en loop — estos deportes son aún más medicina. Aunque al principio incomode el silencio porque nos hemos desacostumbrado a él. Pero del otro lado de esa incomodidad está el jardín de una mente sana.

Spoiler #2: A veces salimos tan concentrados en ejecutar un entrenamiento que también se pierde todo esto. Los relojes deportivos y las redes sociales del deporte son en sí mismos también un driver de atención. Por eso a mis clientes cada tanto les pido salir a entrenar libremente, guiados por la sensación de sus cuerpos.


Llevamos mucho pensando en estos deportes como buenos para el corazón, para regular el peso, prevenir la diabetes, etc. Y lo son. Pero eso es quedarse muy cortos. Lo que ocurre en la mente de quien sale a correr o a pedalear — sin música, sin agenda, dejando que los pensamientos encuentren su propio orden — es una historia mucho más grande.

Y está disponible para cualquiera.

La pregunta no es si tienes tiempo para entrenar. La pregunta es si puedes permitirte no hacerlo.

Gracias por tu tiempo y atención. Y hasta la próxima.

Coach Tony
Exponential Health Coach (IQUIM) | Endurance Coach | Life Coach

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¿Entrenas para vivir o para no morir?