Respirar la Aceptación | Lo que hago cuando no estoy bien.
Escucha la versión audio leída por mi aquí:
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Esta carta sí que me ha costado escribirla. Este es el tercer intento, las dos primeras las deseché. Supe desde que me atreví a anunciar que compartiría estas cartas que sería un experimento en el sentido crudo de la palabra. Ahora lo estoy viviendo y quiero ser completamente honesto. Quiero escribir desde quién soy en el momento que lo hago. Así que aquí voy, desde mi balcón, viendo y escuchando el lago, es muy temprano, el cielo amanece despejado. Mis hijas duermen aún, mi esposa también. Es viernes, hoy mismo quiero publicar, estoy tarde. Me había propuesto siempre tener las cartas listas una o dos semanas antes, pero no pasa nada. Las deseché porque ha de ser más humana esta.
Para empezar por lo práctico, hoy quiero compartirte lo que hago cuando las cosas no van bien. No hace falta entrar en detalles aquí; los desafíos hacen parte de lo cotidiano y todos tenemos los nuestros, pero por estos días necesito cuidar mi energía y trabajar activamente por mi tranquilidad. Hoy por hoy soy muy intencional con esto, muy práctico. Entiendo cómo funciona mi cuerpo y tomo el mando. Antes permitía que el cuerpo se apoderara de mí y los pensamientos tomaban vuelo propio; allí no quieres estar.
Lo primero que hago es afinar mi perspectiva, prefiero no mirar hacia otro lado o distraerme cuando el ánimo pesa. Siempre que no me siento bien me digo: es momento de aprender, de explorar. Es un territorio que quiero recorrer con serenidad. Y lo recorro con el cuerpo, no solo con la mente. Si no hago algo por permanecer tranquilo mientras transito esas emociones, será más difícil sacar provecho. Aquí te comparto algunas cosas que pongo en práctica en momentos así:
Aceptar con tranquilidad. ¿Suena fácil, cierto? En teoría lo es, pero siempre me costaba mucho lidiar con la frustración que viene del “es como es”: prefieres antes cambiar el mundo, prevenir, remendar, ignorar —con toda la ansiedad que eso conlleva—. Pero lo difícil para mí no era el acto racional de aceptar en sí, sino permanecer tranquilo después. Y para eso, literalmente aprendí a respirar la aceptación, repítelo conmigo, respirar la aceptación. Aceptar no es resignarse; es crear la base fisiológica para actuar mejor. Te comparto lo que hago:
Hago unas 5 respiraciones dirigidas: 4–5 segundos inhalo por la nariz, 5–6 segundos exhalo también por la nariz.
Acepto que es como es, o que estoy como estoy. Por lo general cierro los ojos y me hablo mentalmente: “Está bien, no pasa nada, así es.”
Luego me dedico a respirar con la técnica del Dr. Andrew Huberman (suspiro fisiológico), grabé 5 minutos de audio dirigido y te lo comparto aquí. Mientras lo hago —por lo general basta 1 minuto— trato de sentir y enfocarme en la vida que hay en mi cuerpo y agradecer lo básico: mi vida, mi salud.
Pasado un tiempo (abierto) he encontrado que, desde la calma que me permito, siempre surge una buena idea, una enseñanza, un siguiente paso. Al final, siempre encuentro que ese territorio me ha dejado algo. Me nutro de lo que vivo porque lo siento; me regala mucha empatía y siento que incluso las ganas de apoyar a otros en mi rol se amplifican en ese tránsito.
A veces prefiero salir a caminar mientras inhalo y exhalo por la nariz; si es posible, lo hago en un entorno natural, un parque, aunque no es requisito. También he encontrado en el deporte ligero o moderado un espacio con mi cuerpo: correr o montar bici suave, con respiración nasal y ritmo cómodo, ayuda a modular emociones durante y después. Para deportistas de resistencia hay un doble beneficio: la respiración nasal favorece adaptaciones fisiológicas para un mejor intercambio gaseoso en la mecánica pulmonar. Esto nos puede regalar una ventaja en rendimiento, sobre todo en esfuerzos sostenidos.
También un entrenamiento intenso (aquí, solo con adaptación previa es posible la respiración nasal) me sirve, aunque el mecanismo es distinto y el exceso en el tiempo suele traer un bajón.
Así que sí, el deporte es también mi medicina. Pero sin romantizar: solo bien llevado (equilibrio) pone mi cuerpo en mejor disposición.
Quiero hacer énfasis en el gran beneficio de inhalar por la nariz y exhalar por más tiempo del que inhalas. Se ha observado que durante la inhalación nasal se sincronizan circuitos emocionales en el cerebro (amígdala/hipocampo); cuando se respira por la boca esos efectos se atenúan. Exhalar largo le muestra al cuerpo que el entorno es seguro; así lo interpreta. Ese patrón activa el nervio vago y baja la activación simpática: justo el combo fisiológico que te hace menos reactivo y más sereno.
Me guío por este principio:
La mente tiene la capacidad de movilizar y/o bloquear el cuerpo. Y viceversa.
Así que repite conmigo: el cuerpo también tiene la capacidad de movilizar y/o bloquear la mente. Cuando mi mente no está donde quiero que esté, trabajo con el cuerpo. Respirar es la llave más rápida y efectiva, de menor fricción, pero también uso el movimiento. Cuando mi cuerpo está en mejor disposición, pienso mejor y observo lo que siento.
¿Y tú qué haces para permanecer tranquilo o tranquila cuando no te sientes bien? ¿Te animas a respirar la aceptación en una próxima ocasión? Me gustaría leerte.
Si conoces a alguien a quien pudiera servirle esta herramienta, compártela.
Nota de cuidado: si tienes condiciones respiratorias o estás atravesando una crisis emocional, usa estas prácticas con prudencia y busca apoyo profesional cuando lo necesites.
Gracias por leerme,
Tony
Exponential Health Coach (IQUIM) | Endurance Coach | Life Coach